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viernes, septiembre 17, 2010

La Mar

Llueven las naves furiosas, embriagadas del Atlántico. Es la matria que olvidó los naufragios y cristalizó la tragedia de los pueblos, la mar que en días más aciagos detuvo la sangre de la ciudad sumergida. La noche golpea en su pecho y se detiene el funcionamiento de la maquinaria pesada. Los esclavos izan la bandera, oyendo el clamor arquetípico.

sábado, julio 03, 2010

La sierpe de mis sueños

(Escrito hace algunos meses)



La calidad y originalidad de mis sueños no deja de sorprenderme, aunque debo admitir que, a veces, el argumento se presenta de manera tan rebuscada que la memorización (y posterior escritura) se hace compleja. Recientemente, durante una siesta tuve un sueño doble (o con repetición): así llamo yo a los sueños en que una o varias escenas se repiten y puedo modificarlas bajo cierta voluntad (el tener o no conciencia del sueño es algo aparte). En el sueño, aparecen muchas serpientes, en un amplio lugar de campo, frente a un personaje que huye de tres o cuatro hombres armados (alguna especie de mafiosos). Las serpientes, algunas cobras entre ellas, atacan al personaje y lo matan. De alguna forma me siento como si yo fuera tal personaje y sufro su dolor, pero también descubro que yo soy otro, el amante de una de las dos chicas que observan la escena. Un tren azul que se desplaza cercano choca contra un camión y crea un enorme caos. En la versión alternativa de la escena, en la que me comporto como un director que tiene acceso a ser personaje libremente, salvamos al chico que corre, y descubrimos que la chica es bisexual, en última instancia, al besar y acariciar a su compañera (una mujer que siempre la acompaña). La sensualidad representada me deja paralizado. Yo, como director, cambio la dirección del tren y evito su colapso, dejando antes, sobre las vías, una moneda de ciencuenta pesos chilenos para que sean aplastados. Luego, la chica entra, a medio vestir, en un auto y yo entro con ella. Despierto.

El significado habitual que se atribuye a las serpientes es el del deseo sexual, pero también el de la sabiduría, la energía latente y que está por despertar.

Anoche soñé que domaba a un tigre blanco en medio de un desierto; usando movimientos casi chamánicos (por decirlo de alguna manera), asustaba al animal y corría tras él, también me dejaba perseguir y corría, me balanceaba, le mostraba mis dientes. Tras un feroz combate psicológico, conseguía dejarlo asustado en el suelo, entonces me acercaba cariñosamente para cobijarlo y lo llevaba a la ciudad, donde se transformaba en hombre. A veces, él perdía un poco la razón y volvía a sentirse un tigre.

Durante este año, soñé terremotos y maremotos. El año pasado, la noche del 15 de noviembre, soñé con una enorme ballena.

lunes, junio 14, 2010

Lex Natura

No es la escritura sino
la tura
de las bibliotecas
el arrimo de los acertijos y
el polvo
el bendito polvo
transmutación de la sangre
que el mago conjura
es la silueta espejeada de
los caracoles
el silencio espiral
el pico de los cuervos
su semblante adherido a las catedrales
eregidas
con oceánica fuerza

no es la escritura sino
el pulso
zigzagueante
del cíclope lozano

hablemos desde la tierra
ungiéndonos el vientre
para humedecer
el corpus

savia

sábado, diciembre 12, 2009

Temporis

Escribir desde la sombra, a orillas del tiempo fugitivo.

Sentados, en el banco de una plaza, te digo que así funciona esto, y nada más; conciencia Zen. Imagina que, de pronto, despiertas. Es decir que tienes la misma sensación que al despertar, pero justo antes de darte cuenta, un silencio corporal, pero no es un silencio, precisamente, y tampoco es sólo eso. Es el espacio de tiempo de una calma furiosa, de un temple enorme que se pasea por delante y que somos incapaces de asir; él, en cambio, nos atrapa, sin conciencia ni significado. Es una huella que identificamos con el sentido, es el mar cuando te paras sobre el extremo del muelle y cierras los ojos y el viento baila en tus entrañas, tus cabellos se mecen en armónica desfiguración.

Va y viene en una cadencia irresuelta. No hay, sino, una disolución, te digo, que nos desarma para oir desde nuestra fragmentación.

El gorjeo de las pequeñas aves nos trae, distrae y atrae hacia el despejado cielo azul. Al levantarnos me pregunto por los instantes infinitos de la escritura inscrita en nuestros cuerpos.