sábado, julio 03, 2010

La sierpe de mis sueños

(Escrito hace algunos meses)



La calidad y originalidad de mis sueños no deja de sorprenderme, aunque debo admitir que, a veces, el argumento se presenta de manera tan rebuscada que la memorización (y posterior escritura) se hace compleja. Recientemente, durante una siesta tuve un sueño doble (o con repetición): así llamo yo a los sueños en que una o varias escenas se repiten y puedo modificarlas bajo cierta voluntad (el tener o no conciencia del sueño es algo aparte). En el sueño, aparecen muchas serpientes, en un amplio lugar de campo, frente a un personaje que huye de tres o cuatro hombres armados (alguna especie de mafiosos). Las serpientes, algunas cobras entre ellas, atacan al personaje y lo matan. De alguna forma me siento como si yo fuera tal personaje y sufro su dolor, pero también descubro que yo soy otro, el amante de una de las dos chicas que observan la escena. Un tren azul que se desplaza cercano choca contra un camión y crea un enorme caos. En la versión alternativa de la escena, en la que me comporto como un director que tiene acceso a ser personaje libremente, salvamos al chico que corre, y descubrimos que la chica es bisexual, en última instancia, al besar y acariciar a su compañera (una mujer que siempre la acompaña). La sensualidad representada me deja paralizado. Yo, como director, cambio la dirección del tren y evito su colapso, dejando antes, sobre las vías, una moneda de ciencuenta pesos chilenos para que sean aplastados. Luego, la chica entra, a medio vestir, en un auto y yo entro con ella. Despierto.

El significado habitual que se atribuye a las serpientes es el del deseo sexual, pero también el de la sabiduría, la energía latente y que está por despertar.

Anoche soñé que domaba a un tigre blanco en medio de un desierto; usando movimientos casi chamánicos (por decirlo de alguna manera), asustaba al animal y corría tras él, también me dejaba perseguir y corría, me balanceaba, le mostraba mis dientes. Tras un feroz combate psicológico, conseguía dejarlo asustado en el suelo, entonces me acercaba cariñosamente para cobijarlo y lo llevaba a la ciudad, donde se transformaba en hombre. A veces, él perdía un poco la razón y volvía a sentirse un tigre.

Durante este año, soñé terremotos y maremotos. El año pasado, la noche del 15 de noviembre, soñé con una enorme ballena.

domingo, junio 27, 2010

Lector

¿Quién es el lector que decide dar saltos hasta esta página de silencios? ¿Qué lector es este, que no replica, no grita ni exige? ¿Cuál es su figura, su semblante, su aire? ¿Qué respiras, lector? ¿Qué curiosa manifestación construye tu postura?

¿Son tus manos, la inocencia? - pregunto en nombre de la cordillera, ¿es tu cuerpo la tierra húmeda? ¿miente la primavera? Te advierto que todo acá es movimiento, las palabras pueden echar raíces y habitar la sangre. Los relojes se doblan y un túnel sin salida congela el compás de tu marcha.

***

Luchar con el lector, embestirlo, mantenerlo ocupado en el borde de las cosas. Disipar las salidas y oscurecer el cielo. Sólo desde el combate, enfrentamiento arquetípico, surge la sincronía de una marcha cósmica.

Pero sabes que se trata de una guerra aparente, una invocación a las piedras, letanía de los signos. Sí, es un baile de máscaras enunciando el velo, una niebla capaz de desterrar de su templo al reinado de las certezas. Lectores, sí, pero ávidos de los rincones más oscuros. Sólo tras ellos, la vulgar experiencia encontrará solaz y fortaleza.

miércoles, junio 23, 2010

Para hacer bailar a una muchacha en camisa

Tómese mejorana silvestre, orégano puro, tomillo silvestre, verbena, hojas de mirto junto con tres hojas de nogal y tres tallos pequeños de hinojo, todo lo cual será recogido la noche de San Juan en el mes de junio y antes de que salga el sol. Deberán secarse a la sombra, molerlas y pasarlas por un fino tamiz de seda, y cuando se quiera llevar a cabo este agradable juego, se soplará el polvo en el aire allí donde esté la muchacha para que lo respire, o se le hará tomar como si fuera polvo de tabaco; el efecto se manifestará de inmediato. Un famoso autor agrega que el efecto será tanto más infalible si esta traviesa experiencia se lleva a cabo en un lugar donde ardan lámparas alimentadas con grasa de liebre y de macro cabrío joven.


- Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos

lunes, junio 14, 2010

Lex Natura

No es la escritura sino
la tura
de las bibliotecas
el arrimo de los acertijos y
el polvo
el bendito polvo
transmutación de la sangre
que el mago conjura
es la silueta espejeada de
los caracoles
el silencio espiral
el pico de los cuervos
su semblante adherido a las catedrales
eregidas
con oceánica fuerza

no es la escritura sino
el pulso
zigzagueante
del cíclope lozano

hablemos desde la tierra
ungiéndonos el vientre
para humedecer
el corpus

savia

sábado, mayo 15, 2010

Mayo catorce

si me ves bajo la lluvia

detenido

interrogando a las nubes

o tomando rutas

aleatorias


si me ves

oscurecer por un instante

ante la espía

de los edificios


si me ves bajo la lluvia

bermellón

que enciende mis mejillas

y prefiero

los vahos suspendidos

de un café

a un cine rotundo

y húmedo


acerca el cristal

de tu sonrisa

y aguarda el silencio

acelerado

de la nata fragancia


me verás

escrutando las calles

anegadas

de un color como la hierba


y entornaré los ojos riendo

al pensar en las hojas de otoño

jugando con los dedos

en alguna cabaña

perdida

hasta que todas las lunas

reflejen el mutismo

de los pinos


y entonces

verás mis ojos empapados

de una fuerza corrosiva


lunes, mayo 03, 2010

Memoria extendida

Comencé a leer “Supersizing the mind” (Andy Clark) y nunca había cobrado tanto sentido esta reflexión inicial:

Consider this famous exchange between the Nobel Prize–winning physicist Richard Feynman and the historian Charles Weiner. Weiner, encountering with a historian’s glee a batch of Feynman’s original notes and sketches, remarked that the materials represented “a record of [Feynman’s] day-to-day work.” But instead of simply acknowledging this historic value, Feynman reacted with unexpected sharpness:

“I actually did the work on the paper,” he said.

“Well,” Weiner said, “the work was done in your head, but the record of it is still here.”

“No, it’s not a record, not really. It’s working. You have to work on paper and this is the paper. Okay?” (from Gleick 1993, 409)


domingo, abril 18, 2010

Vocación

Ten a Ítaca fija ante la mente.

Llegar allí es tu Vocación. No debes,

sin embargo, forzar la travesía.


- K. Kavafis

sábado, marzo 13, 2010

Credo político

Durante el último tiempo, aquella parte de la izquierda de la clase dominante, organizada en la concertación y toda su periferia política, se fue desmembrando y perdiendo el vigor que alguna vez la caracterizó, se anquilosó el discurso y las prácticas se vieron mermadas, en ocasiones, por la ineficiencia, la falta de integración ciudadana en la construcción política y el vértigo de las tendencias económicas. Sin las fuerzas suficientes, perdió el poder y el pueblo democrático volvió a elegir; Chile (con sus divisiones históricas, valóricas, sociales y culturales) eligió a un presidente de derecha, y con ello también eligió una participación ideológica diferente. Es cierto, el aparato estatal permanecerá, y ahora bajo nuevas formas de control. El ejercicio gubernamental tendrá un cariz gerencial y una eficiencia y ánimos no vistos en años. Pese a esto, los valores que representa este nuevo gobierno difieren de los míos; tampoco coinciden con los promovidos por la concertación, pero éstos, al menos, se acercan a una comprensión más humana de la sociedad: solidaria, inclusiva. Creo en el amor, creo en el ser humano y su capacidad para vivir en paz, de manera sustentable y fraternal.

Creo en la unidad / pero no aquella que se intenta imponer desde la hegemonía cultural

Creo en Chile y en el pueblo / pero también creo en un mundo que no esté dividido por las fronteras

Creo en la pacificación universal / y en la humildad del hombre

Creo en las personas / solidarias con el próximo

Creo en la poética de la política / y los poetas hablarán por los mudos

Creo en la familia / porque mientras exista, entendida como un espacio de amor y convivencia sin distinciones sexuales, raciales, ni de número ni calidad, existirá la colectividad y el esfuerzo común

Creo en el liderazgo / cuando sirve al propósito de hacer de éste un mundo mejor y no al afán personal o meramente directivo-empresarial

Creo en la eficiencia / cuando no se busca maximizar la utilidad sino permitir las mejores condiciones para la existencia digna y humana

Creo en el crecimiento económico y en el desarrollo / sustentable e integrado

Creo en la oposición y la dialéctica / constructiva

Creo en una cultura crítica / y propositiva / teórica y pragmática

Creo en la polifonía cultural, el color, en la tierra que remece el corpus de nuestra identidad. Creo en la autorganización y el desprendimiento del poder, creo en la representación de las mayorías, quienes que buscamos la felicidad y el amor en los otros. Creo en el desarme total y poético de toda forma de violencia contra el ser humano. Creo en el amor, ante todo.

lunes, febrero 08, 2010

Espiral

Esta será la entrada más larga que haya escrito jamás en el espacio flotante de la red (espacio definido por un conjunto de signos reunidos bajo mi regencia). Es el dictado no aleatorio de mi conciencia, un profundo ejercicio reflexivo en el que pretendo extenderme de manera no acostumbrada. Mi pensamiento, expuesto, desnudo, como se le conoce desde dentro. Entrada larga, en espiral, resorte capaz de contener energía en su compresión, exégesis del pensamiento de la dimensión temporal de una palabra 2D.

Frente a la velocidad, encargada de anular el espacio y extender las conexiones infinitamente, frente a la neurosis colectiva y su polis desefrenada, estética especular, espejada a la sombra de quienes habitamos en ella sin tener parte en su discusión, frente a la pornografía de los sentidos y la máscara ritual desplazada fuera del juego, frente al triste deceso de todo lo sagrado, debe erguirse el verbo. Sin embargo, no quemaremos las naves.

- Tampoco construiremos otras naves - pienso, de pie en el metro. Hace calor y preferiría un viaje a solas en un vagón vacío. Pienso las rutas y caminos posibles, pienso el silencio, pienso el ligamento ciliar y la profundidad de tus ojos. Bajo el Salvador, pero también en Baquedano y Tobalaba (pero de estos trenes ya no se baja uno, más bien se sube hacia el andén, bajar o subir al tren se confunden). Subo en cada una de las posibilidades, combino hacia la infinitud. Cruzo el puente arqueado, a un lado del café literario de Salvador, combino en Tobalaba hacia el sur, voy hacia el norte desde Baquedano. Llego a Pío Nono desde Santa María, bajo en Bellas Artes y sigo hacia el sur. No construiremos otras naves; los pasos quedarán marcados en el mapa y al verlos descubriremos los rincones que nunca hemos pisado, el espacio nunca habitado por nuestro peso. Deconstruiremos la ciudad y arrancaremos la substancia social. Cuando llegué a Santiago no imaginé que decantaría por una poética de sus calles, tampoco es que pensara mucho en esos términos, pero sí soñaba la intuición de lo que ahora es una forma viva, palpable. No había internet ni celulares, toda la diversión estaba en los mundo imaginarios de la infancia, y la comunicación era entrar en el mundo de los otros. Jugar es un principio de integración social, de configuración de mundo: aceptar las reglas, aprender, modificar, recrear. El juego me tiene andando entre las estaciones Pedro de Valdivia y Los Leones, mirando al espejo que se crea en el vidrio de la puerta, hacia el resorte infinito que nos trae de vuelta al nosotros. La miro sin que me mire, sin que ella (la del espejo) vea al de acá; si me sonríe sabré que aparenta una sonrisa a espaldas mías, si volteo la cabeza, la veré estudiándose la punta de los pies o haciéndome frente. Si me hace frente debo ser un tigre agazapado y observar el simulacro hasta acabar el trayecto. Nadie gana, sino que reimos. El juego, como el tiempo, termina por diluirse hasta confundirse con la realidad.


La ciudad también debe ser el puerto, Valparaíso, ciudad natal. Recorrer el espacio orquestado entre los cerros, el color de las costumbres, el horizonte marítimo impregnado como tinta a orillas de la playa, sobre las rocas, en los hilos que conducen como calles hasta el corazón del cerro Placeres, donde se tejió mi infancia, el lugar de mis padres y abuelos, donde conocí a Daniel, amigo natal, forja de una amistad en la dualidad Piscis-Aries. Los bosques eran lo suficientemente grandes para mis sueños, para imaginar el mundo y reconstruirlo. Viajaba desde Concepción a Valparaíso, a veces tomábamos el tren hasta Santiago y luego un bus. Le tengo mucho cariño a los trenes, al mural de la estación en Concepción, a los viajes nocturnos, mirar por la ventana hacia la oscuridad espesa. En el metro hay una oscuridad invisible, las luces configuran un día-noche permanente, aquí no hay tiempo, como tampoco lo hay en los besos, como en la infancia, como en el sueño. Pienso en la tierra que embarró mis manos y ropas, pienso en la tierra nata y la metáfora de dos amantes (o enemigos) que desataron los nudos de nuestra historia.

Nuestra tierra nata


Amanecer florente

de nahuel y somoros

en la tierra nata

solvaturas iqueístas

hora hora hora

aclamación fija de tu geografía / emerge tu voz / hermante

ordena el cosmos de tus costumbres / hasta la ensaña corriente / ósea

Somoros somorifa de sur a norte / (re)verberancia

Nahuel ocre y otiliza

Sum sum sum

Se figura la carne / masiva / de todos los fuegos


Los fuegos queman la carne y sé que nuestra historia íntima se replica fractalmente en la ciudad, en el país, en las guerras y el arte primitivo, en las disputas de los dioses y en la novela jamás escrita de todos mis encuentros, del amor y el dolor, de mis reflexiones soberanas acerca del poder. Al final, todo se reduce a amar, he mencionado; motor del mundo antes de su corrupción sobre nuestro cuerpo. Cuerpo de nuestra escritura: las palabras pueden provocar un daño terrible y, sin embargo, también pueden sanar. Hay lecturas que sanan el alma y traen felicidad; las diversas lecturas que hacemos del mundo cambian nuestro modo de movernos en él. Porque nos movemos de acuerdo a lo que vemos, a cómo leemos, curiosa paradoja pues la habilidad para leer ha adaptado un recurso motriz de nuestro cerebro.




El espectro visual de toda sensibilidad es una aproximación semántica. Es decir que al escribir las cosas que uno percibe, cambian de tono, de color, se organizan en la estructura gramatical (generativa, si tal cosa existe) y adquieren otra fuerza. Cierto día, un sabio monje tuvo un sueño: un hermoso caballo negro era devorado por las hormigas, mientras la sombra de un árbol se alargaba poco a poco hasta cubrir toda la escena, al despertar el monje sintió que era incapaz de oír cualquier cosa pero fue algo pasajero. El sueño íntegro quedó documentado en un extenso libro chino, pero la interpretación (si acaso hubo alguna) se perdió con los años, desfigurándose en la tradición oral. Cosas como éstas nunca acabaremos por entenderlas. Entender es similar a darse imágenes de cómo yo veo el mundo que me rodea, cómo adopta una forma tras la velocidad. 7 de junio del 2003, la plaza a oscuras, ninguna luz que nos proteja de lo inevitable, se oyen autos y buses, está oscuro pero no tememos a nada. 3 de enero del 2002, la fila era enorme en el cine, ese día se mezcla la tragedia del llanto con la fabulosa vida infantil-adolescente. 13 de febrero del 2006, solo y ausente, me levanto y termina la hospitalización, el dolor continúa ahí, todo el dolor. Septiembre, año 2000, el temor de verme enfrentado a crecer, de verme sin la voluntad que quería, ese año decidí ser fuerte y no dejarme vencer, un niño que llora y lee en silencio, no dejarse vencer. No dejarse vencer, no dejarse vencer. 1995, llegué a Maipú, cuna de la patria, dicen. El padre, la guerra y la sangre. Maipú me vio emerger a la ciudad, salir de caminatas cuando aprendía que, de cierta forma, el colegio no era para mí, que mi educación pervertía mi discurso infantil, que aborrecía la autoridad. Fue ahí cuando pensé en hacerme un profesional del rasgado de vestiduras. El niño contra el mundo, quien deja de creer en la bipolaridad de los adultos, las peleas y el fastidio. Contra el mundo, pero hacia el mundo, ese que te cobija cuando tienes miedo. El amor infantil, el amor romántico y el amor platónico, la sexualidad, que sin ser descubierta, aparece sublimada en lo que será. Rendirse al canto femenino, rendirse a la seducción, o seducir. Ser el aparecido, el fantasma de tus sueños y encarnar el deseo. Septiembre, Octubre, 2006, la casualidad de los bordes, el escenario perfecto de la coincidencia, el cine y las canciones, más de un capítulo dedicado a la convergencia, Valparaíso, el aroma de los viajes, Viajantes, errantes o encontrados, las huellas en la arena, la cintura de tus muelles, miro tus manos y las mías para averiguar si podrían amarse (conocer a las personas por sus manos es mi secreto), recorrer tu piel giorni dell'amore la causa perfecta para que quede todo en su sitio las caricias las aproximaciones el pudor la alegría los besos. Diciembre, 2005, el desencuentro de una espera. Mirar las estrellas, sentarme en la ventana mientras esbozaba una carrera universitaria como si ella fuese una posibilidad real de algo. Algo, algo, yo no sé, determinar qué es lo que quiero hacer, me equivoqué, ¿no? la carrera intelectual no se lleva muy bien con el discurso de la eficiencia. También pensé en dejar todo.


Mi pensamiento es como una espiral permeable al tiempo, disecando la memoria en momentos eternamente configurables, y mientras viajo (soy viajante y no viajero) en el metro y todas las rutas posibles, pienso en tí, en nosotros y en todos, en el fin del mundo y los perros, los espejos, las caricias, el circo, los tigres, el viento, las playas; pienso en el tren que avanza por su izquierda, la historia de Esteban y Beatriz, mis sueños ajenos, la verdad, la vía láctea, la sala de cine. La sala está a oscuras y la proyección nos confunde con su luz, somos la sombra de la pantalla, el umbral de pertenencia. Hace frío y quisiera abrigarte con todo mi cuerpo. Hace frío y miro mis manos como de costumbre, intentando, acaso, averiguar en ellas el tacto de nuestra vida. La pantalla, hacia el fondo, desliza nuestras miradas en una inclinación que nos hace pensar en el vacío, como si fuéramos a ser tragados por el escenario.


Soy Antoine, el que ha sufrido los golpes, el que ha amado, el que corre. Mi refugio es la palabra. Soy la seducción contra la pornografía informática. Soy el velo de la críptica que se enuncia, que renuncia,


Res

Ser

Soy Antoine

Soy el verbo

Soy en tus entrañas y en tu cuerpo desnudo

Baila sin son el ritmo de las cosas / que emergen / tibias

Baila el cadalso tu memoria / baila para mí / sin mí / un poquito

Res / rez-de-chaussée / danse moi

Como si todo el mar / como si todo el mar


Me encantan las bibliotecas y librerías, las plazas públicas y los parques, los cafés y la playa. Me gusta caminar hacia el noreste, dar vueltas hacia la posibilidad. Amo subir y bajar cerros, atravesar la vegetación o el desierto. Construir y desmembrar los espacios, el tiempo. Sonrío al ver los rostros en la oscuridad, del cine, de los bares, a lo lejos. Veo hacia lo lejos y pienso en línea recta. Un tigre blanco deambula por la ciudad.



viernes, enero 29, 2010

Reflexión

Tiempo de reflexión, para pensar y dejarse pensar. Flexionar el pulso, detener el paso y sentarse a orillas del lago.

***

Acabo de hacer un recorrido veloz por el registro de este sitio. Creo que es lo más cercano a un diario de vida que he llegado a escribir alguna vez. Sin duda, habrá entradas incomprensible y crípticas, pero también las hay de un lenguaje llano y proporcionado.

A veces escribo - nocturno - para luego borrar los párrafos. Pero esta noche preferí ver qué ocurría si dejaba todo tal cual iba saliendo de mis dedos. Porque la escritura proviene de los dedos, proviene de todo el cuerpo sensible, y se provee de cuanta motricidad encuentre a su paso. Por eso andar por las calles y escribir con los pasos se convirtió en una actividad fundamental. Entonces ya no es sólo mi sensibilidad, sino también la de la ciudad, convertida en cuerpo, en nave de sacrificio, templo sagrado, custodio de todas las palabras que no se han dicho, de todos los pasos que no se han dado y todas las posibilidades. Aquí y allá hemos tomado rumbos diferentes, pero no lo supimos a tiempo; y luego todo el tiempo se desarma en tu mirada, anulando la ciudad, los sacrificios y el silencio.

miércoles, enero 13, 2010

Avatar y el cine

La primera película que vi este año fue Avatar, no fui al estreno, la vi en el CineHoyts de Estación Central y en 3D.

En principio, esta entrada podría tratarse de Avatar (la última película de James Cameron) y de algunas de las lecturas que hice de ella, pero tengo la impresión de que al mencionar la película estoy haciendo trampa, usándola como señuelo para hablar de mi afición por el cine y el pop corn. Porque si Nuovo cinema Paradiso funde a fuego emocional la experiencia de hablarle al espectador, Avatar lo hace en el lenguaje de las masas y de la técnica (misma que casi arrasa a los Na'vi). No digo que sean las únicas películas que interpelen al espectador como referencia constante, ni las más audaces ni mejor logradas del cine, pero sí puede decirse que ambas han sido capaces de hacer contacto con nuestra más íntima sensibilidad a través de historias sencillas y profundamente humanas. El argumento de Avatar podría resumirse en un par de líneas, y aunque el de Nuevo Cinema Paradiso es más sofisticado, no es más complejo que la nostalgia (inducida a través de una encantadora narración).

Menciono estas dos películas porque me permiten hablar del amor por el cine; o, mejor dicho, el amor por los dos cines, porque hay dos y debemos convenir en eso si queremos entendermos. El primer cine es el de Avatar, el de la taquilla, el vaso grande de bebida y el pop corn, el de los lentes 3D, trailers y "coming soon", es el cine de la sociedad de consumo, la tecnología y el capital, es -a veces- el cine de Hollywood y de las grandes estrellas, es una industria que mueve millones de dólares y nuestra cultura popular está impregnada por todas partes de su discurso, es el "pan y circo" contemporáneo. El segundo cine es el de Méliès y el de "Nuovo Cinema Paradiso", es el cine arte de pulcros diálogos literarios, el cine de la Nouvelle vague y la experimentación artística, es el riesgo (o el suicidio cinematográfico) y la intertextualidad, es el enfrentamiento al discurso hegemónico y la crítica (y quizás la clínica a través de la que se intenta salvar a la humanidad).

Ok, en realidad hice la separación sólo para provocarte un poco. La división, sin embargo, no es invención mía y data desde los comienzos del cine (a fines del siglo XIX). Actualmente, no podría ubicar con exactitud, en este esquema, a muchas de las grandes películas de los últimos años. Pero si nos quedamos con él (al menos hasta dejar esta entrada), es sorprendente la calidad y cantidad de buenas lecturas que pueden hacerse de una película como Avatar. Paréntesis. (Quizás deba aclarar, para quienes no están acostumbrados, que una lectura no es una interpretación, no es un "lo que quiso decir..." o un "se trata de...", sino más bien una interacción película-espectador única que trae consigo una serie de marcas (textuales) que dan sentido y coherencia a la representación que el espectador se hace continuamente (es decir, la metahistoria que se va narrando a sí mismo), persistiendo aún después de acabada la proyección; aquí prefiero no continuar expandiendo el tema, pero es bueno mencionar que hacer esto no es más o menos válido que cualquier otra propuesta de sentido).

***



Tras quince minutos luego de entrar en la sala de cine, una voz nos indica que ya es hora de usar los anteojos para ver el plano de la pantalla en tres dimensiones. Se apodera de nosotros el entusiasmo de la novedad y el efecto especial. Nos sumergimos en un mundo alternativo, junto a decenas de personas, pero sin ellas, sin prestarles demasiada atención. Nos hemos internado en la nave espacial del recinto privado del cine, adentro todo es oscuridad y algunas luces tenues. Comienza la película en aquel espacio exterior, a quizás cuantos años luz de distancia. Entonces nos vemos enfrentados al protagonista, Jake Sully, en un primerísimo primer plano, hablando para sí mismo, como si estuviésemos al interior de su mente, ¿somos una extensión de sus pensamientos? Su condición de lisiado nos arroja otra posibilidad: somos nosotros (o quizás sólo yo, solo entre la multitud invisible) los incapaces de levantarnos, de mover nuestras piernas para salir de la realidad virtual, anestesiados o dormidos en el sueño. Jake se inquieta porque confunde el sueño con la realidad, nuestra fantasía, percibida apenas gracias a una ilusión debida a la persistencia retiniana. Nuestra ilusión es el sueño de otra humanidad posible, pero al salir de la sala nuestra congoja será similar a la del marine que después de cada viaje comprueba el estado de su verdadero yo. Nuestro sueño es la u-topía a la que no tenemos acceso, es la imposibilidad de reconstruir la historia de la barbarie y la conquista de América. No se puede rehacer la historia, pero se puede resignificar, Hitler puede morir al interior de un cine en llamas, las llamas son de un fuego que ha abatido ciudades, pero que también es capaz de desarmar todos los discursos que creíamos construidos acerca de quienes somos y en donde estamos realmente. Y si estamos aquí, ¿dónde es ese aquí en el que coincidimos casi por azar?

***

Sospecho algo interesante en la estética del cine. Mientras mantenga viva la sospecha y la duda, seguiré yendo al Normandie al pasar y al Cine Hoyts con un gran paquete de Pop Corn (salado, como me gusta).


***

Por cierto, los invito a leer en el blog de tercera cultura: Avatar, un Gendankenexperiment Inconcluso

viernes, enero 01, 2010

Año nuevo

Tengo la impresión de que mi escritura a des-tiempo quedó profundamente marcada por el jazz. Escucho jazz desde que descubrí el movimiento, por decirlo de algún modo. O desde otro punto de vista: percibo la música en forma tridimensional, como figuras que me andan por el cuerpo (o fuera de él, proyectándose en el universo). ¿Y qué tiene esto que ver con el año viejo y el año nuevo? Pues que hace unos días viajaba en bus de vuelta a Santiago desde Valparaíso, pensaba en la memoria, los recuerdos, la capacidad de recordar y de pronto sentí como si estuviese en una fotografía estática que ha sido rescatada desde algún baúl del futuro, sensación abismante del tiempo. Coleccionamos memorias todo el tiempo, modificando su estructura por acomodación. El sentir del jazz me invita a imaginar la densidad del tiempo como un cuerpo que podemos atravesar líquidamente, que podemos dar un salto al escurrirnos entre los silencios (la materia oscura de nuestras vidas).

Quizás exagero o quizás es pura semántica y todo sentimos - sin palabras - lo mismo.

El recién pasado año 2009 conseguí sellar una broncínea promesa musical para comenzar a ejecutar y no sólo oir. Huir-oir del logos, he dicho antes, sin que se me entienda demasiado. Es decir que quisiera comenzar a producir (no en el sentido económico) y hacerme cuerpo de mi creación, para eso debo y he debido exponerme y aquí hay algo interesante, pues por años he intentado mantener un bajo perfil (a pesar de todo), pero aquí estoy de-scribiendo. Claro que sigo con la críptica y no podría ser de otro modo porque tu lectura (sí, la tuya) debe ser única y siempre directa al corazón de tus expectativas, quebrándolas, abordándolas, entumeciendo la piel. Me distraigo. Me expuse a la brevedad y transparencia de twitter, a ser leído en tumblr y a decir con más verdad en qué creo y por qué lo creo. Puse de mí al sinceramente con la gente que quiero, a no ser comprendido y a dejar que mis palabras se introduzcan hasta donde ustedes lo permitan.

El año viejo aprendí varias cosas. Algunas de ellas, debo decir, podrán parecer evidentes pero debo aclarar que el verdadero aprendizaje llega con la experiencia y sin ella uno puede decir mucho pero sentir muy poquito. Aprendí a escuchar más, yo escucho, es cierto, pero a veces no me detengo a darle voz a los mudos; descubrí que soy capaz de hacer muchas cosas y tener éxito en ellas, hacerlas bien y no rendirme, pero también aprendí la importancia de tomarse un descanso a veces y de no llevarse todo el peso de las circunstancias. Es cierto que siempre he sido un poco hiperkinético pero el año pasado, en particular, sentí en varias ocasiones que no me la podía, que me había cansado, dejé que me consumiera el compromiso y el hambre (de aprendizaje, actividades, herramientas) y no me permití espacios para la distensión; tarde entendí que debía cambiar algunas cosas, tarde porque mi cuerpo me lo reveló con más fuerza que mi conciencia, tarde porque dejé de comunicarme correctamente con el cuerpo, dejé de hacer ejercicio, dejé de moverme en la fluidez y las cosas se hicieron rígidas. Pero aprendí a controlar aquel hambre, que es ansiedad y prisa hasta el punto de la indiferencia, a partir de ahí comencé a moverme hacia el equilibrio. Aprendí a recordar el que soy (o el que creo que soy). Descubrí el terreno político inexplorado en mí, no me refiero a la política filosófica, sino a la praxis, a la actitud política y la importancia de esta fuerza o habilidad para llevar a cabo proyectos y mover ideas.

(Esto sigue borrador constante)

jueves, diciembre 31, 2009

Año viejo

Me parece complejo y absolutamente descalcificante escribir en un blog como éste y al mismo tiempo escribir cuento y poesía, quiero decir que el trabajo lento, silencioso y subterráneo de una escritura es completamente distinto de la otra. Pero ya que estoy aquí, frente al teclado (tac-tic-tac, como un reloj que avanza en sentido contrario) y la fascinación de simplemente hacerlo me impulsa a escribir. Me gustaría hablar del año viejo que se va, deja sus ropas, guarda los calcetines y olvida el velo de sus costumbres; me gustaría hablar de la pasión y el sufrimiento de este año, de los sueños, las metas, los momentos kodak, exámenes, controles, amigos, carretes, divagaciones, música y ambiciones. A veces, mientras doy vueltas por la ciudad, comienzo a condensar imágenes y retórica, prosa-prosa-prosa y pienso en qué tipo de cosas me gustaría decir por acá y qué cosas no, pero deshago el tiempo sin hacerlo y prefiero dormir un rato, leer, ver películas, ver a la bella señorita del espejo inquebrantable, dar pasos de casualidad e invocar la provocación en los estudiantes del preu. El año viejo tiene (interrupción real: me llaman para una clase particular) muchas cosas interesantes pero puesto que voy saliendo a Valparaíso en unos momentos, me queda todo por decir. Intentaré reconstruir esto cuando vuelva, así que, por ahora, será un borrador (entre nosotros, claro).

sábado, diciembre 26, 2009

El otro desde mi lectura

No quisiera extenderme en el análisis de los fragmentos que a continuación presento, ellos son parte del libro El otro por sí mismo, de Jean Baudrillard y son, actualmente, un eje interesante de re-flexión, considerando cómo hacemos uso de la tecnología y nos involucramos en las redes sociales.

El cuerpo como escena, el paisaje como escena, el tiempo como escena desaparecen progresivamente. Lo mismo ocurre con el espacio público: el teatro de lo social, el teatro de lo político se reducen cada vez más a un gran cuerpo blando y a unas cabezas múltiples. La publicidad, en su nueva versión, ya no es el escenario barroco, utópico y extático de una visibilidad omnipresente de las empresas, las marcas, los interlocutores sociales, las virtudes sociales de la comunicación. La publicidad lo invade todo a medida que desaparece el espacio público (la calle, el monumento, el mercado, la escena, el lenguaje) (…) Esta es nuestra única arquitectura actual: grandes pantallas de donde se refractan los átomos, las partículas, las moléculas en movimiento. No es una escena pública, un espacio público, sino gigantescos espacios de circulación, de ventilación, de conexión efímera.


Ya no estamos en el drama de la alienación, sino en el éxtasis de la comunicación. Y este éxtasis sí es obsceno. Obsceno es lo que acaba con toda mirada, con toda imagen, con toda representación. No es sólo lo sexual lo que se vuelve obsceno: actualmente existe toda una pornografía de la información y la comunicación, una pornografía de los circuitos y las redes, de las funciones y los objetos en su legibilidad, fluidez, disponibilidad y regulación, en su significación forzada y en sus resultados, sus conexiones, su polivalencia, su expresión libre…

Ya no es la obscenidad de lo oculto, reprimido, oscuro, sino de lo visible, de lo demasiado visible, de lo más visible que lo visible, la odscenidad de lo que ya no tiene secreto, de lo que es enteramente soluble en la información y la comunicación.


sábado, diciembre 12, 2009

Temporis

Escribir desde la sombra, a orillas del tiempo fugitivo.

Sentados, en el banco de una plaza, te digo que así funciona esto, y nada más; conciencia Zen. Imagina que, de pronto, despiertas. Es decir que tienes la misma sensación que al despertar, pero justo antes de darte cuenta, un silencio corporal, pero no es un silencio, precisamente, y tampoco es sólo eso. Es el espacio de tiempo de una calma furiosa, de un temple enorme que se pasea por delante y que somos incapaces de asir; él, en cambio, nos atrapa, sin conciencia ni significado. Es una huella que identificamos con el sentido, es el mar cuando te paras sobre el extremo del muelle y cierras los ojos y el viento baila en tus entrañas, tus cabellos se mecen en armónica desfiguración.

Va y viene en una cadencia irresuelta. No hay, sino, una disolución, te digo, que nos desarma para oir desde nuestra fragmentación.

El gorjeo de las pequeñas aves nos trae, distrae y atrae hacia el despejado cielo azul. Al levantarnos me pregunto por los instantes infinitos de la escritura inscrita en nuestros cuerpos.

sábado, diciembre 05, 2009

Choose

Trainspotting. Me encanta esta película. La secuencia de inicio es una las más preciosas obras en las que la literatura y el séptimo arte entran en una mágica coordinación de los sentidos; es aquello a lo que cualquiera de nosotros aspiraría sentir frente a la pantalla-libro de nuestras propias ficciones.





Choose Life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television, choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol, and dental insurance. Choose fixed interest mortgage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisurewear and matching luggage. Choose a three-piece suit on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who the fuck you are on Sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pissing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourselves. Choose your future. Choose life… But why would I want to do a thing like that? I chose not to choose life. I chose somethin’ else. And the reasons? There are no reasons. Who needs reasons when you’ve got heroin?


martes, diciembre 01, 2009

La lujuria del rey


- Enroque - dijo, sin despegar la vista del tablero. Yo balanceaba el vaso de vodka, imaginando, o soñando quizás, las infinitas combinaciones posibles. La torre se irguió junto a su rey, el marfil de su silencio conjuró todo el espacio, sesenta y cuatro casillas en blanco y negro, el ying y el yang de un vértigo pretérito. Me acerqué sin estrategia, con la furia hipócrita de los soldados a caballo. El rey persistió en su nobleza junto a la torre, pero de noche ocultaba en ella sus secretos, la tierra que cubría su cuerpo junto a sus más tiernas devotas y peones de infantería.

- ¿Mueves? - me preguntó, de pronto.

Yo, en un trance absurdo, le dije: Do not go gentle into that good night / Rage, rage against the dying of the light.

(in memorian Dylan Thomas, gran maldito)